Borat en Pulkovo

Esta mañana he tomado el avión hacia Moscú a las 8:45 de la mañana, así que me ha tocado un buen madrugón para llegar a tiempo a Pulkovo 1, el aeropuerto peterburgués para los vuelos nacionales (Avianova, que es el Ryanair ruso). El surrealismo comienza ya cuando devuelvo las llaves al portero de noche hacia las 6 de la mañana y le pregunto si me puede pedir un taxi. El tipo no sabe inglés. Llama a su compañera por teléfono, que por la voz cazallera que se gastaba debía estar dormida y me informa que sólo pueden pedirme un taxi si les aviso con hora y media de antelación. Ganas me quedaron de aclararle que no necesitaba que me fabricaran el taxi, que con que me llevara al aeropuerto me valía. En fin, como dicen ahora: son sus costumbres y hay que respetarlas.

Salgo a Nevsky Prospekt buscando con la mirada un taxi pero no hay rastro de ellos. Es otro de los rasgos que me han llamado la atención de Rusia: no existe esa proliferación de taxis que puede encontrarse en otras grandes ciudades europeas, como Madrid y Barcelona. De hecho, escasean. Tal vez la razón es que está permitido a los particulares ofrecer los mismos servicios que los taxistas y sacarse así un jugoso sobresueldo. En la guía no aparece como una opción recomendable, pero ante la perspectiva de perder el avión no me queda más remedio.

Aún es de noche en la ciudad. Me planto en la acera y a los pocos segundos me para un tipo moreno y sonriente, de unos cuarenta años, con un cacharro destartalado de la época soviética muy parecido a un Seat 124. Dudo si subirme a eso y le pregunto “Skolko?” (¿Cuánto?). El pollastre comienza a hablar en ruso y ni repajolera idea de lo que me está contando. Cuando quiero darme cuenta ya tiene mi equipaje en el maletero. Bien, mientras me deje en el aeropuerto a la hora, tentaremos a la suerte.

El ambiente en el taxi era… raro. El tipo tenía todo lleno de medallones musulmanes con frases del Corán por aquí y por allí. Pone la radio y sale una música moruna de lo más cool. Me espera un viaje étnico hasta el aeropuerto. Son sus costumbres… Éste tampoco tiene ni idea de inglés, ni de otra cosa que no sea ruso. Como puedo le indico “Pulkovo adin (uno)” y para allá vamos. Se tira media hora intentando decirme no sé qué. Dejo de prestarle atención, hasta que se le ocurre cómo expresarlo: “Rossiya Lada, Italia Ferrari … Ispaniya?” Cabronazo, eso ha dolido. Un poco avergonzado le digo: “Seat”. El tipo mira para atrás y me dice: “¿Seat?” con cara de “What’s the fuck?” La vergüenza patria es tal que me siento obligado a decirle: “Bueno, pero tenemos Zara en Nevsky Prospekt, eh?” Y es verdad, en la principal avenida de San Petersburgo hay por lo menos dos enormes tiendas de Zara. ¿Y a que no adivinan cómo se llama la filial o sección para mujeres? ¡Zarina! Qué bien lo has visto ahí, Amancio…  A las rusas es frecuentísimo verlas con bolsas de Bershka, Mango, etc. Desde luego, quien buscara un hecho diferencial ruso en este gran mercado globalizado va dado: ¡si lo más visible detrás del acorazado “Aurora” es un enorme cartel luminoso de Samsung!

El tipo ha debido ver mi cara de consternación e intenta arreglarlo: “Ispaniya champions, eh?” Sí, sí, germanski pringaos y tal. Pero con eso no como yo. Así que decido contraatacar y le pregunto si es nativo de San Petersburgo. Me dice que “da”. Me mira por el retrovisor y me apostilla algo sobre Kazajastán. Vale, ya nos entendemos. Un kazajo. Borat en taxi.

Borat: de la aldea al taxi peterburgués

Como ya voy mentalizándome de que me va a meter un buen palo, aprovecho para hacerle algunas preguntas: “¿SSSR or Russia?” Sin pensárselo dos veces, el tipo dice con la mayor convicción: “SSSR, ediniy, bolshoi, silniy!” (la URSS, unida, grande, fuerte).

Miro por la ventana y veo los coches que circulan: buenos coches, todoterrenos con lunas tintadas, coches europeos de gama alta. Todos con conductores étnicamente rusos. Y comprendo la nostalgia de este tipo. La URSS les permitía sentirse parte de algo fuerte y compartir un orgullo con la mayoría rusa. Ahora no es más que otra minoría étnica más, sin orgullo y a años luz socialmente de los nuevos y ricos rusos con los que convive. Antes, el Estado soviético les hermanaba en una pobreza o austeridad relativa. Ahora no es más que otro paria en una ciudad extranjera.

Llegamos a Pulkovo y, efectivamente, me clava seis euros más que un taxi oficial. Mi simpático amigo sonríe y deja ver una dentadura de oro digna de una película de Kusturica. Si supiera que su paisano se forra en la MTV con parecidos méritos… Me da la mano. Spasiva. Da svidania. Con Dios. O con Mahoma. O algo.

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11 respuestas a Borat en Pulkovo

  1. Capitán Trueno dijo:

    Bien invertidos esos 6 leuros de más. Has ido en un LADA, así que nunca debiste avergonzarte de decir que en España el coche patrio es el SEAT, ya que Lada y Seat se fabricaban con licencia FIAT, unos en el este y los otros en el oeste. También había otros rusos, los moskovith (o algo así), aún más anticuados (como el coche del comunista en “un, dos, tres” de Billy Wilder).

    En todo caso, Borat te dejó en tu destino. Podría haber sido peor. A ver si un día nos cuentas qué coño comen los rusos aparte de polvorones, ensaladilla y filetes de carne picada.

    Esperamos la próxima etapa.

    • Me da que éste no sabía mucho más que poner en marcha el motor. Es decir, más que yo. De todas formas, comparar nuestra industria del automóvil con un Lada (o lo que sea) tampoco es para sacar mucho pecho. Bueno, siempre nos quedará el SEAT León amarillo, el coche de los canis. Pero en Rusia no saben qué coño es un cani 😉

      Cani bizco: the origninal cani since 1885

      Estoy tomando mis notas para la entrada gastronómica. No sufras, que te la debo. Por ahora llevo probadas la cocina rusa, ucraniana y uzbeka. Todas cojonudas para un carnívoro como yo. Ya me extenderé sobre el tema…

  2. Jose dijo:

    Te leemos todos los días.Pásalo bien, canalla.

  3. Jumeana dijo:

    Bueno, vaya episodio!, leyendo tu relato me he imaginado toda la escena, al menos llegaste al aeropuerto (veamos la parte positiva e importante), yo hubiese perdido el avión y todavía estaría dando vueltas buscando transporte, no me hubiera subido ahí sola con el kazajo con dentadura de oro ni en sueños!.

  4. PS dijo:

    Leo por encima “Skolko?… pollastre…”, y claro, me imagino lo que no es. Chascarrillo aparte, tu viaje en taxi me recuerda a uno mío en Londres, de las compañías no recomendadas en ninguna guía. El “piloto”, de Cachemira, alternaba al conducir sus dos pares de gafas (las de cerca y las de lejos, imagino), y la radio también a tope de música moruna, porque éste era de la parte pakistaní. Se ciscó un poco en la India, nos dejó en nuestro destino y goodbye.

    A la espera del resto de sorpresas, te sigo leyendo! (con atención)

  5. Cristina dijo:

    Hola Jose!! Está genial el blog, nos acerca un montón a aquello y parece que lo vivimos en cierto modo. espero que estés disfrutando a tope, imprevistos a parte jeje. un bso de la family

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