Dovro pozhalovat… v Castelldefels!

Pues eso: que bienvenidos a Castelldefels. No hay nada como empezar bien un viaje. Por ejemplo, con la cancelación de un vuelo, supuestamente debida a la huelga general en Francia. Y al hecho de que, después de retrasar la hora de embarque desde las 22:05 a las 2:15, la tripulación consideró que las horas de espera constituían parte de su jornada laboral y ya había cumplido el máximo de horas de vuelo (sic). Así que, con las mismas, y una vez ya a bordo del avión, nos indicaron amablemente la salida y nos han proporcionado un hotel en Castelldefels donde alojarnos hasta la nueva hora de salida del avión… a las 23:55 de hoy. ¡Qué grande eres, Vueling!

Asumido ya el día de menos en San Petersburgo, aproveché la noche toledana para hacer un poco de análisis sociológico sobre el grupo de rusos—el 95% del pasaje—que me acompañó en el juego que Vueling se trajo con nosotros durante toda la noche. Son sólo impresiones puntuales, muy personales y tal vez equivocadas, pero ahí van. En primer lugar: sí, las rusas son seres de luz. Por lo menos de 25 W. Pero como yo soy un cavayero dejaré el tema aquí. Además de su capacidad lumínica, parecen tener una extraña inclinación hacia las prendas llamativas, las lentejuelas, los colores y, en general, la ropa de dudoso—o muy cierto—gusto. ¿Qué hacía una señora a las dos de la mañana en la puerta de embarque con algo parecido a una pamela, como si El Prat fuera Ascot (pero con una camiseta de Salou, eso sí)? ¿O una chavala bien mona con un chándal rosa de Armani (¡¡!!)? En general, la ostentación del nuevo rico—que presumo es la autoconciencia de quienes vienende Rusia como turistas a España—era visible por todas partes, y tan sólo la que me antecedía en la cola llevaba una bolsa cargada hasta arriba de Roberto Verino.

Otro aspecto que llamaba la atención era el uso social e individual del alcohol, algo que parece imposible no encontrar cuando se habla de Rusia. Las mujeres, en la cola de embarque, estaban dando buena cuenta de una botella de whisky, brandy o similar y más de una estaba ya visiblemente contenta. Entre ellas, de todo: jóvenes, maduras, viejunas… A la que se movieron un poco me vino tal ráfaga de etílico aroma que me recordó—lo siento, pero uno pertenece a la canaille y no puede echar mano de evocaciones proustianas de madalenas y tal—los pelotazos de sol y sombra que mi bisabuela se metía entre pecho y espalda cuando era niño, y que le hacían recorrer varias veces el trayecto Astillero-Guarnizo en menos tiempo que El Guerrouj.

En el avión ya hubo algún incidente etílico y la azafata tuvo que nacionalizar una botella de ron Bacardi que un pasajero ruso había tomado por biberón. Pero es que, cuando la compañía nos llevó a desayunar a la cafetería del aeropuerto a eso de las 4 de la mañana y tras una noche en blanco, lo que resultaba frecuentísimo ver en la cola del self-service no eran zumos de naranja… ¡sino botellines de vino! Admirable, sin duda.

Bien, y para no desaprovechar la entrada de hoy con un simple marujeo sociológico, me gustaría comentar lo relativo a la obtención del visado ruso: esa antigualla administrativa que hace pensar en lo poco que han cambiado los tiempos desde aquellos burócratas surrealistas de Gogol, Chejov o Bulgakov. Recientemente, el presidente Medvedev ha anunciado que está cerca el momento en que se pueda suprimir tal requisito para los ciudadanos de la UE. Pero, de momento, ahí sigue como souvenir de los viejos buenos tiempos.

Lo primero que conviene saber es que la gestión del visado ruso ha sido privatizada de facto hace ya un par de años. Quienes tengan cerca un consulado ruso pueden probar suerte a obtenerlo directamente, pero casi con toda seguridad les remitirán a una de las dos agencias de viajes autorizadas por el gobierno ruso para tramitar el visado directamente con la embajada: Iberrusia y Politours. Sin duda, un negocio jugoso conseguido por estas dos empresas en exclusiva. Naturalmente, otras agencias pueden tramitarnos el visado, pero siempre lo realizarán a través de estas dos u otras autorizadas en el extranjero, por lo que la suma de intermediarios sólo producirá un aumento de los costes de gestión.

En mi caso, elegí Iberrusia y los resultados fueron satisfactorios. Pero primero, vayamos con los requisitos. Para el visado turístico, que es el que necesitaremos para recorrer el Transiberiano y que se puede extender durante un período máximo de un mes, necesitaremos, obviamente, un pasaporte en regla, con varias páginas en blanco para la inserción del visado y una vigencia nunca inferior a seis meses con posterioridad al viaje. Además, deberemos cumplimentar un formulario turístico de entrada a Rusia acompañado de una foto tamaño carnet y una carta de invitación en ruso rellenada por una agencia receptora. Normalmente, los propios hoteles realizan este trámite, pero nos cobrarán no menos de 25 €, por lo que resulta más cómodo solicitarlo a la misma agencia que gestionará el visado. Por último, se exige un seguro médico de asistencia en viaje durante toda la duración del mismo, con la precisión de que debe estar emitido por una compañía aseguradora que opere en Rusia. En mi caso, elegí Axa, pero valen igualmente Mapfre u otras. Como, además, el viaje implica ciertos riesgos de percance es recomendable una póliza ampliada para cubrirse de cualquier incidente, incluidos robo, pérdida de equipaje, cancelación de vuelos, etc. En total, la póliza que he contratado ha resultado por unos 112 € (incluyendo Japón), lo que resulta bastante razonable si se considera cómo ha empezado el viaje.

En el caso de Iberrusia, sólo cuenta con oficinas en Barcelona y Madrid, por lo que quienes no vivan en estas dos ciudades—como es mi caso—deberían remitir a la agencia toda la documentación, incluido el pasaporte, por correo postal. La catalana suele tramitar los visados con mayor celeridad, si bien podemos exigir plazos más breves (de hasta 24 horas en casos de urgencia). Pero a menor plazo, mayor coste. No obstante, solicitado con tiempo uno no debería pagar más que la tarifa mínima, que son 70 € por un tiempo de tramitación de entre 9 y 13 días laborables. A ello debemos sumar los 25 € de la carta de invitación en ruso y los 12 € de la agencia de transporte para entregarnos el pasaporte ya con el visado. En total: 107 eurillos del ala regalados a la burocracia rusa y sus concesionarios.

Pero es lo que hay. Con ello queda, por fin, expedita la entrada a la tierra de Alexander Nevsky. Y con permiso de Vueling, claro.

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4 respuestas a Dovro pozhalovat… v Castelldefels!

  1. Capitán Trueno dijo:

    Hombre, no me jodas, yo mandándote saludos transcontinentales y tú de farra en Casteldefels como en Neng de Castefá. ya te vale.

  2. Sierpes dijo:

    joerrr, joerrr

    Si estabas al lado de mi casa. De haberlo sabido te podía haber llevado un tupper con comida de verdad o algo así.

    • Pues gracias por la intención, aunque cebar nos han cebado bastante en el hotel, por eso de que no protestáramos más. Mandaron media docena de guardias civiles al aeropuerto para prevenir un motín, sin darse cuenta de que los rusos estaban encantados de tener un día más de vacaciones gratis en España. En fin, de luz también se vive.
      Esta noche espero tener oportunidad de escribir sobre San Petersburgo. Por cierto, ayer vi tus sierpes agitándose en una cabeza cortada de un mosaico en el Ermitage 😉

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