Niños low-cost

Una de las consecuencias más desagradables de la “democratización” del avión como medio de transporte gracias a las low-cost es que, ahora, la chusma vuela. Y en los Boeing 737-800 huele a pobre, a Varón Dandy y a zorruno. Una prueba palmaria de lo que digo lo constituye éste que les escribe. Pero, claro, hay chusma y chusma. Y digo esto mientras espero el Vueling en El Prat porque el trayecto con Ryanair ha sido un auténtico infierno. Y, como los buenos infiernos, con forma de Paraíso: vuelos “baratos”.

Todos conocemos las desventajas de los vuelos baratos. No hace falta insistir mucho en ellas: aglomeraciones, esperas, incomodidad, servicio deficiente, asientos sin numerar, tasas por respirar… Pero no, no ha sido eso lo que me ha hecho insufrible el vuelo: ha sido un ser con aspecto humano de unos cuatro años de edad (tampoco sabría decir la edad exacta: no soy experto en Demonología). La criatura—en el sentido de la serie B americana—se ha pasado chillando todo el santo vuelo cual hijo de Satanás, ante la parsimonia de los padres, que como mucho le dirigían de vez en cuando un tímido “chssssst”. El bicho la tramó con la etiqueta donde se muestran las operaciones en caso de emergencia, que según el padre “le daba miedo” y ha montado tal expolio que el resto de criaturas del avión de similares características han acabado berreando cada cual a más y mejor. Ni comentar cuando cogimos turbulencias, porque aquello parecía talmente el griterío de las almas en la boca del Infierno. Naturalmente, como sucede con los chuchos, la culpa no la tienen los animalicos en sí, sino sus dueños. El Damien de hoy es el cani de mañana: de pasar de hijo del Diablo a hijo de Camarón y Tommy Hilfiger (o como se escriba). En fin, cuanto más conozco a los niños mejor me caen mi sobrino—que es un santo varón, como su tío—y mis gatos. (Y se me acaba de sentar al lado en la sala de espera un demon…)

Bien, aprovecharé esta entrada de mera diversión para decir que lo que mi natural pereza no me ha permitido escribir—los consejos y aspectos prácticos en la preparación del Transiberiano—lo iré incluyendo en diferentes entradas para que no resulte demasiado árido. Ahora me interesa señalar que, obviamente, la primera decisión a tomar sobre el viaje va a ser la ruta a seguir: no sólo por razones lógicas, sino porque al solicitar el visado nos pedirán que relacionemos con exactitud las ciudades en las que nos detendremos. Quiero suponer que en caso de tener que realizar una parada imprevista no haya de suceder nada, pero tratándose de las autoridades rusas es mejor no jugar a la ruleta de esa nacionalidad.

En mi caso, la elección ha sido clara: la línea principal del Transiberiano, con inicio en Moscú y llegada a Vladivostok. Aunque antes de la cabecera debo una visita a San Petersburgo (donde llegaré esta noche) y después de llegar a la base naval de la flota rusa del Pacífico pasaré a Kyoto y Tokio, por aquéllo de ver qué dan.  La mayor duda que se me presentó fue con la línea Baikal-Amur (BAM), que transcurre por el país de la taiga y el permafrost. Su trayecto casi legendario, su construcción bastante tenebrosa por prisioneros políticos y de guerra—se dice que bajo cada traviesa del tren se halla un cadáver enterrado—era aliciente de sobra para tentarme. Pero la incomodidad, lentitud y peligrosidad del trayecto para un viajero solo me hicieron desistir finalmente.

Por último, las rutas Transmongoliana y Transmanchuriana, amén de más cortas que la elegida, llegan a Pekín y, sin duda, prometen un destino fascinante. Pero China se merece algo más que un par de días en su capital, así que dejaremos el Imperio Amarillo para una ocasión mejor. Por el momento, el lector del blog habrá de conformarse con la narración de la siguiente ruta: San Petersburgo, Moscú, Kazán, Ekaterimburgo, Novosibirsk, Tomsk, Listvyanka, Irkutsk, Vladivostok, Kyoto y Tokio.

Que ya estamos mayores y Rusia no es país para viejunos.

[Y aquí seguimos, en El Prat, esperando a que la huelga en Francia concluya y los controladores nos endosen sólo dos horas de retraso para llegar a San Petersburgo. No hay mal que por bien no venga: llegar a la ciudad de Pedro el Grande mientras amanece debe tener su encanto]

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5 respuestas a Niños low-cost

  1. Capitán Trueno dijo:

    Ya hace años, mi hermano me comentó que la única experiencia aeronáutica que puede superar la de un viaje en compañía low coast (que en realidad deberíamos llamar “barata”, por mucho que el inglés parezca enmascarar de qué coño estamos hablando) era la de volar en un viejo tupolev de Aeroflot en un trayecto interior de la extinta URSS.

    Parece ser que la gente portaba jaulas con gallinas, bocadillos choriceros (en su versión gastronómica rusa), taperguer con viandas cocinadas (yo quiero imaginarlos con ensaladilla rusa), y ese olor chotuno del que ya has tenido tu experiencia previa. No me contó nada, sin embargo, de criaturas demoniacas, entiendo que debido a que los padres soviéticos tenían, afortunadamente, una mano suficientemente larga.

    Occidente, si en algo muestra su decadencia es, precisamente, en esa permisividad paterna. Luego nos extrañamos de que los demonios crezcan y se conviertan en “rafitas”.

    Espero que el camino de regreso no sea en compañía barata desde Tokyo, y si lo es, prepararemos tu candidatura a algún premio. Por mucho menos Eduarne Pasabán ha estado cerca de conseguir el Premio Consorte de Letizia con z.

    Un saludo transcontinental

  2. PS dijo:

    Pues yo agradezco infinito la existencia y feliz coincidencia como vecino tuyo de esa “alma cándida e inocente”. La pena es que no tengamos posibilidad alguna de visionar plano genereral del berrinche durante las turbulencias y primer plano de tu expresión facial, durante todo el trayecto.

    Por lo demás te deseo un feliz viaje, lleno de ricas experiencias y personajes singulares.

    Te sigo leyendo.

    • Pues imagina a Waldorf y Statler en una sola cara y tendrás la mía. Y no creas, que aquí en Rusia también hay criaturas infernales, pero gritan “Mamushkaaaaaaaa!!!”

      • PS dijo:

        ¡Qué cultura la mía! Leo Waldorf y me viene a la mente la ensalada o Blair la de Gossip Girl…¡dios salve a la wikipedia! Pero creo que te iría más la de “Blaaaaaaaaaaas, blaaaaaaaas, tengo sed!”.

  3. Sierpes dijo:

    He leído el post y me ha venido a la mente de inmediato un libro de dibujos de Sempè titulado “Quelques enfants”.

    Creo que Sempè habría encontrado material de sobra si hubiera estado contigo.

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